viernes, 1 de junio de 2018

"El anarquismo como caos" - Murray Bookchin (1995)



El anarquismo como caos
Sean cuales sean las preferencias personales de Brown, su libro refleja y a la vez proporciona las premisas de la transición de los anarquistas euro-americanos del anarquismo social al anarquismo individualista o personal. De hecho, el anarquismo personal hoy en día se expresa principalmente a través de grafitis realizados con spray, el nihilismo posmodernista, el antirracionalismo, el neoprimitivismo, la antitecnología, el «terrorismo cultural» neosituacionista, el misticismo y la
«práctica» de llevar a cabo «insurrecciones personales» foucaultianas.
Estas tendencias de moda, que siguen casi todas las corrientes yuppies actuales, son individualistas en el importante sentido de que son contrarias al desarrollo de unas organizaciones serias, unas políticas radicales, un movimiento social comprometido, una coherencia teórica y una relevancia programática. Esta tendencia entre los anarquistas personales, más orientada a la consecución de la «propia realización» que a la de un cambio social esencial, es tanto más nefasta cuanto que su «giro hacia adentro», como lo ha llamado Katinka Matson, pretende ser político; si bien se parece a la «política de la experiencia» de R. D. Laing. La bandera negra que los revolucionarios defensores del anarquismo social izaron en las luchas insurreccionales en Ucrania y España, se convierte ahora en un «pareo» de moda para deleite de pequeñoburgueses chics.
Uno de los ejemplos más desagradables del anarquismo personal es T.A.Z.: Zona Temporalmente Autónoma, Anarquía Ontológica, Terrorismo Poético de Hakim Bey (alias de Peter Lamborn Wilson), una perla de la colección New Autonomy Series (la elección de las palabras no es accidental), publicado por el grupo extremadamente posmodernista Semiotext(e)/Autono’media de Brooklyn. Entre cánticos al «caos», el «amour fou», los «niños salvajes», el «paganismo», el «sabotaje al arte», las «utopías piratas», la «magia negra como acción revolucionaria», el «delito» y la «brujería», por no hablar de los elogios al «marxismo-stirnerismo», la llamada a la autonomía se lleva a unos extremos tan absurdos que llegan a parecer ridiculizar una ideología absorbida por sí misma y autoabsorbente. T.A.Z. se presenta como un estado mental, una actitud fervientemente antirracional y anticivilizatoria, donde la desorganización se concibe como una forma de arte y los grafitis suplantan los programas. Bey (su pseudónimo significa «jefe» o «príncipe» en turco) no tiene pelos en la lengua a la hora de mostrar su desprecio por la revolución social: «¿Por qué molestarse en enfrentarse a un ‘poder’ que ha perdido todo su significado y se ha convertido en pura simulación? Confrontaciones tales sólo han de resultar en grotescos y peligrosos espasmos de violencia» (TAZ, p. 128). ¿«Poder» entre comillas? ¿Una pura simulación? Si lo que está pasando en Bosnia en cuanto a capacidad de destrucción militar es una pura «simulación», ¡estamos realmente viviendo en un mundo muy seguro y cómodo! El lector preocupado por la constante multiplicación de las patologías sociales de la vida moderna podrá tranquilizarse con la opinión altiva de Bey de que «el realismo nos impone no sólo dejar de esperar «la Revolución», sino incluso dejar de desearla» (TAZ, p.101). ¿Nos sugiere este pasaje que disfrutemos de la serenidad del nirvana? ¿O una nueva «simulación» baudrillardiana? ¿O tal vez un nuevo «imaginario» castoriadiano?
Tras eliminar el objetivo revolucionario clásico de transformar la sociedad, Bey se burla con condescendencia de aquellos que lo arriesgaron todo por él: «el demócrata, el socialista, el ideólogo racional [ . . .] están sordos a la música y les falta todo sentido del ritmo» (TAZ, p. 66). ¿De veras? ¿Han dominado los propios Bey y sus acólitos los versos y música de La Marseillaise y bailado extáticos a los ritmos de la Danza de los Marineros Rusos de Gliere? Hay una pesada arrogancia en el desdén de Bey hacia la floreciente cultura que crearon los revolucionarios del siglo pasado, gente obrera ordinaria de la época anterior al rock and roll y a Woodstock.
Efectivamente, cualquiera que entre en el mundo de ensueño de Bey es invitado a abandonar cualquier contrasentido sobre el compromiso social. «¿Un sueño democrático? ¿Un sueño socialista? Imposible», declara Bey con una certeza absoluta. «En el sueño jamás nos gobiernan sino el amor o la brujería» (TAZ, p.64). Así, Bey reduce magistralmente los sueños de un nuevo mundo evocados durante siglos por idealistas en grandes revoluciones a la sabiduría de su mundo
de sueños febriles.
En cuanto a un anarquismo «lleno de las telarañas del humanismo ético, del librepensamiento, del ateísmo muscular y de la tosca lógica fundamentalista cartesiana» (TAZ, p. 52), ¡mejor olvidarlo! Bey no sólo se deshace, de un solo golpe, de la tradición de la Ilustración en que la se anclaron el anarquismo, el socialismo y el movimiento revolucionario, sino que además mezclas naranjas como la «lógica fundamentalista cartesiana» con manzanas como el «librepensamiento» y el «humanismo muscular», como si fueran intercambiables o uno presupusiera el otro.
Aunque el propio Bey no duda en ningún momento en hacer declaraciones soberbias y lanzarse a polémicas impetuosas, no tiene paciencia con los «ideólogos en disputa del anarquismo y del pensamiento libertario» (TAZ, p. 46). Proclamando que «la anarquía no conoce dogma» (TAZ, p. 52), Bey sumerge a sus lectores en el dogma más rígido que haya habido: «El anarquismo implica en última instancia anarquía, y la anarquía es caos» (TAZ, p. 64). Así dijo el Señor: «Yo soy aquel que soy»; ¡y Moisés tembló antes de la proclamación!  
Incluso, en un ataque de narcisismo maníaco, Bey decreta que es el ego todopoderoso, el «Yo» altísimo, el Gran «Yo» el que es soberano: «Cada uno de nosotros [es] el legislador de nuestra propia carne, de nuestras propias creaciones; y también de todo aquello que podamos capturar y conservar». Para Bey, los anarquistas y monarcas —y beys— pasan a ser indistinguibles, en la medida en que son todos autarcas:
Nuestras acciones están justificadas por decreto y nuestras relaciones se conforman con tratados con otros autarcas. Establecemos la ley en nuestros propios dominios; y las cadenas de la ley se han roto. Por el momento quizás nos mantengamos como meros pretendientes; pero aun así podemos apoderarnos de algunos instantes, de algunos metros cuadrados de realidad sobre los que imponer nuestra voluntad absoluta, nuestro royaume. L’etat, c’est moi. [ . . .] Si estamos vinculados a alguna ética o moral ha de ser la que nosotros mismos hayamos imaginado. (TAZ, p. 67).
¿L’Etat, c’est moi? Como los beys, me vienen en mente al menos dos personas de este siglo que disfrutaron de estas amplias prerrogativas: Iósif Stalin y Adolf Hitler. La mayoría del resto de los mortales, tanto ricos como pobres, compartimos, en palabras de Anatole France, la prohibición de dormir bajo los puentes del Sena.  En efecto, si De la autoridad de Friedrich Engels, con su defensa de la jerarquía, representa una forma burguesa de socialismo, TAZ y sus secuelas representan una forma burguesa de anarquismo. «No hay devenir», dice Bey, «ni revolución, ni lucha, ni sendero; [si] tú ya eres el monarca de tu propia piel; tu inviolable libertad sólo espera completarse en el amor de otros monarcas: una política del sueño, urgente como el azul del cielo»: unas palabras que podrían inscribirse en la Bolsa de Nueva York como credo del egotismo y la indiferencia social (TAZ, p. 4).
Ciertamente, esta opinión no desagradará a los centros de «cultura» capitalista más de lo que el pelo largo, la barba y los vaqueros han desagradado al negocio de la alta moda. Por desgracia, demasiada gente en este mundo —nada de «simulaciones» o «sueños»— ni tan sólo es dueña de su propio pellejo, como lo demuestran los presos en cuadrillas de encadenados y cárceles en su plasmación más concreta. Nadie ha escapado nunca del reino terrenal de la miseria con «una política de sueños» salvo los pequeñoburgueses privilegiados que podrían encontrar los manifiestos de Bey distraídos especialmente en los momentos de tedio.
Para Bey, de hecho, incluso las insurrecciones revolucionarias clásicas ofrecen poco más que un colocón personal, reminiscencia de las «experiencias límite» de Foucault. «Una revuelta es como una experiencia límite»(TAZ, p. 100), asegura. Históricamente, «algunos anarquistas [ . . .] tomaron parte en todo tipo de revoluciones y levantamientos, incluso comunistas y socialistas», pero eso fue «porque encontraron en el momento mismo de la sublevación la libertad que buscaban. Por tanto, mientras que la utopía siempre ha fracasado hasta ahora, los anarquistas individualistas o existencialistas han triunfado en tanto han conseguido (por muy brevemente que sea) la realización de su voluntad de poder en la guerra» (TAZ, p. 88). La revuelta obrera austriaca de febrero de 1934 y la guerra civil española de 1936, puedo afirmar, no fueron meramente «momentos de insurrección» orgiásticos, sino duras luchas mantenidas con una seriedad desesperada y un impulso magnífico, no obstante, cualesquiera epifanías estéticas.
No obstante, la insurrección se convierte para Bey en poco más que un «viaje» psicodélico, donde el Superhombre nietzscheano, que es del agrado de Bey, es un «espíritu libre» que no hubiera querido perder el tiempo «en agitación por la reforma, en protesta, en ensoñación visionaria, en todo tipo de martirio revolucionario». Probablemente los sueños son aceptables siempre y cuando no sean «visionarios» (léase: con un compromiso social); Bey preferiría «beber vino» y tener una «epifanía privada» (TAZ, p. 88), lo que implica poco más que una masturbación mental, libre, sin duda, de los límites de la lógica cartesiana.
No debería sorprendernos saber que Bey está a favor de las ideas de Max Stirner, que «no se entrega a la metafísica, y no obstante otorga al Único [o sea, el Ego] una rotundidad absoluta» (TAZ, p. 68). Cierto, Bey opina que hay «un ingrediente que falta en Stirner»: «Una noción activa de conciencia no ordinaria» (TAZ, p. 68). Parece ser que Stirner es demasiado racionalista para Bey. «El Oriente, lo oculto, las culturas tribales poseen técnicas que pueden ser ‘asimiladas’ de manera verdaderamente anárquica [ . . .] Necesitamos un tipo práctico de «anarquismo místico» [ . . .] una democratización del chamanismo, ebria y serena» (TAZ, p. 63). Así, Bey llama a sus discípulos a convertirse en «brujos» y les propone que utilicen la «maldición malaya del djinn negro». 
¿Qué es, en suma, una «zona temporalmente autónoma»? «La TAZ es como una revuelta al margen del Estado, una operación guerrillera que libera un área —de tierra, de tiempo, de imaginación— y entonces se autodisuelve para reconstruirse en cualquier otro lugar o tiempo, antes de que el Estado pueda aplastarla» (TAZ, p. 101). En una TAZ «muchos de nuestros Verdaderos Deseos podrían verse realizados, aunque sólo sea por una temporada, una breve utopía pirata, una zona libre urdida en el viejo continuum del espacio-tiempo». Entre «las TAZ potenciales» están «las reuniones tribales de los sesenta, los cónclaves de ecosaboteadores, la idílica Beltane de los neopaganos, las grandes conferencias anarquistas, los círculos gays»; sin olvidar «los nightclubs, los banquetes» y «los grandes picnics libertarios» (TAZ, p. 100): ¡nada más ni nada menos! Puesto que fui miembro de la Liga Libertaria en los años sesenta, ¡me encantaría ver a Bey y a sus seguidores aparecer en un «gran picnic libertario»!
La TAZ es tan pasajera, tan volátil, tan inefable en contraste con el Estado y la burguesías formidablemente estables que «tan pronto como una TAZ es nombrada [ . . .] debe desaparecer, desaparece de hecho [ . . . ] resurgiendo de nuevo en otro lugar» (TAZ, p. 101). Una TAZ, en realidad, no es una revuelta sino una simulación, una insurrección tal y como se vive en la imaginación de un cerebro juvenil, una retirada segura a la irrealidad. En efecto, Bey proclama: «La defendemos [la TAZ] porque puede proveer la clase de intensificación asociada con la revuelta sin conducir necesariamente [!] a su violencia y sacrificio» (TAZ, p. 101). Más precisamente, como un happening de Andy Warhol, la TAZ es un evento pasajero, un orgasmo momentáneo, una expresión fugaz de «la fuerza de la voluntad» que es, de hecho, evidentemente incapaz de dejar cualquier marca en la personalidad, subjetividad o siquiera en la autoformación del individuo, y menos aún de dar forma a los acontecimientos o a la realidad.
Dada la esencia evanescente de las TAZ, los seguidores de Bey pueden disfrutar del privilegio pasajero de vivir una «existencia nómada», ya que «la falta de hogar puede ser en un sentido una virtud, una aventura» (TAZ, p. 130). Por desgracia, la falta de hogar puede ser una «aventura» si se tiene un hogar confortable al que volver, mientras que el nomadismo es el lujo característico de aquellos que pueden permitirse vivir sin ganarse la vida. La mayoría de los vagabundos «nómadas»
que recuerdo tan vivamente de la época de la Gran Depresión llevaban unas vidas desesperadas de hambre, enfermedad e indignidad y a menudo morían prematuramente; como aún lo hacen hoy en día en las calles de las ciudades estadounidenses. Las pocas personas de estilo gitano que parecían disfrutar de la «vida de la carretera» eran, en el mejor de los casos, de carácter idiosincrático y, en el peor de los casos, trágicamente neuróticos. Tampoco puedo ignorar otra «insurrección» que propone Bey: en particular, la del «analfabetismo voluntario» (TAZ, p. 129).
Aunque lo defiende como una revuelta frente al sistema educativo, su efecto más deseable sería hacer los distintos preceptos ex cátedra de Bey inaccesibles a sus lectores.
Tal vez no pueda darse una mejor descripción del mensaje de T.A.Z. que el que apareció en la Whole Earth Review, donde se recalca que el panfleto de Bey está «convirtiéndose rápidamente en la biblia contracultural de los años noventa [ . . .] Mientras que muchos de los conceptos de Bey son afines a las doctrinas del anarquismo», la revista tranquiliza a su clientela yuppie afirmando que éste se aleja deliberadamente de la retórica habitual de derrocar al gobierno. «En vez de ello, prefiere la naturaleza versátil de las «revueltas», que opina que ofrecen unos «momentos de intensidad [que pueden] dar forma y sentido a la totalidad de una vida». Estas bolsas de libertad, o zonas temporalmente autónomas, permiten al individuo evadirse de las redes esquemáticas del Gran Gobierno y vivir ocasionalmente en unos reinos donde se pueda experimentar brevemente la libertad total».
Existe una palabra en yiddish para todo esto: nebbich! Durante los años sesenta, el grupo de afinidad Up Against the Wall Motherfuckers propagó una confusión, desorganización y «terrorismo cultural» similares, para desaparecer del escenario político poco tiempo después. Efectivamente, algunos de sus miembros se incorporaron al mundo comercial, profesional y de clase media que antes habían manifestado despreciar. Este comportamiento no es único de Estados Unidos. Como un «veterano» francés del mayo-junio de 1968 dijo cínicamente: «Ya nos divertimos   en 1968; ahora es hora de que crezcamos». El mismo ciclo sin salida, salpicado de referencias anarquistas, se repitió durante una revuelta de jóvenes altamente individualista en Zúrich en 1984, que terminó con la creación de Needle Park, un célebre lugar para adictos a la cocaína y el crack establecido por las autoridades de la ciudad para permitir a los jóvenes destruirse a sí mismos legalmente.
La burguesía no tiene nada que temer de esas proclamas estéticas. Con su aversión por las instituciones, organizaciones de masa, su orientación ampliamente subcultural, su decadencia moral, su aclamación de la transitoriedad y su rechazo de programas, ese tipo de anarquismo narcisista es socialmente inocuo y, a menudo, meramente una válvula de seguridad para el descontento respecto al orden social imperante. Con Bey, el anarquismo personal huye de toda militancia social significativa y del firme compromiso ha-cia proyectos duraderos y creativos, al diluirse en las quejas, en el nihilismo postmoderno y en una mareante actitud nietzscheana de superioridad elitista.
El precio que el anarquismo pagará si permite que esta bazofia sustituya a los ideales libertarios de las épocas anteriores será enorme. El anarquismo egocéntrico de Bey, con su alejamiento postmoderno en dirección a la «autonomía» individual, a las «experiencias-límite» foucaultianas y al «éxtasis» neosituacionista, amenaza con convertir la misma palabra anarquismo en política y socialmente inofensiva: en una simple moda para el deleite de los pequeñoburgueses de todas las edades.

viernes, 22 de septiembre de 2017

El anarquismo y yo - Stig Dagerman, 1946


El anarquismo y yo

Los detractores del anarquismo no se hacen todos la misma idea del peligro ideológico que éste representa y esta idea varía en función de su grado de armamento y de las posibilidades legales que tengan para hacer uso de él. Mientras que en España, entre 1936 y 1939, el anarquismo fue considerado de tal forma peligroso para la sociedad que se tiraba sobre él desde ambos lados (no estuvo expuesto solamente, de cara, a los fusiles alemanes e italianos sino también, por la espalda, a las balas rusas de sus “aliados” comunistas), el anarquismo sueco era considerado en ciertos círculos radicales, y en particular marxistas, como un romanticismo impenitente, una especie de idealismo político en los círculos liberales bien enraizados. De manera más o menos consciente, se cierra los ojos ante el hecho, sin embargo capital, de que la ideología anarquista, unida a una teoría económica (el sindicalismo) desembocó en Cataluña, durante la guerra civil, en un sistema de producción que funcionaba perfectamente, basado en la igualdad económica y no en una nivelación mental, en la cooperación práctica sin violencia ideológica y en la coordinación racional sin asesinato de la libertad individual, conceptos contradictorios que, desgraciadamente, parecen extenderse, cada vez más, en forma de síntesis. Para empezar, y a fin de rechazar una variedad de crítica antianarquista como la de la gente que confunde su pobre pequeño sillón de redactor con un barril de pólvora y que, por ejemplo a la luz de ciertos reportajes sobre Rusia, creen detentar el monopolio de la verdad sobre la clase obrera, tengo la intención, en las líneas que siguen, de detenerme sobre esta forma de anarquismo que es conocida, particularmente en los países latinos, con el nombre de anarco-sindicalismo y en los que se ha mostrado de gran eficacia no solo para la conquista de las libertades en otro tiempo sofocadas, sino también para la conquista del pan. En la elección de una ideología política, este camino regio hacia un estadio de la sociedad que se parezca al menos en algo a los ideales soñados antes de darse cuenta que las guías terrestres son desesperadamente falsas, interviene, casi siempre, la toma de conciencia del hecho de que la quiebra de las otras posibilidades, ya sean nazis, fascistas, liberales o de cualquier otra tendencia burguesa, o incluso socialistas autoritarias de todo tipo, no sólo se manifiesta por la cantidad de ruinas, de muertos y de lisiados en los países directamente alcanzados por la guerra, sino también por la cantidad de neurosis, casos de locura y de desequilibrio en los países aparentemente exceptuados como Suecia. El criterio de anomalía de un sistema social no estriba solo en la irritante injusticia en el reparto de la comida, la ropa y las posibilidades de la educación, sino que ha de alcanzar también a la autoridad temporal que inspire el miedo entre sus administrados. Los sistemas basados en el terror, como el nazismo, muestran al instante su naturaleza por una brutalidad física que no conoce límites, pero una reflexión algo más profunda lleva a la conclusión de que los sistemas estatales, por más democráticos que sean, hacen recaer sobre el común de los mortales una carga de angustia que ni los fantasmas ni las novelas policíacas pueden igualar. Todos nos acordamos de aquellos grandes titulares, negros y terroríficos, en los periódicos durante la época de Munich -¡cuántas neurosis no tendrán sobre la conciencia!- pero la guerra de nervios que los amos del mundo están a punto de llevar a cabo en este momento en Londres contra la población del globo, por medio de la Asamblea General de la ONU, no es menos refinada. Dejemos de lado lo que tiene de inadmisible el hecho de que cuatro delegados puedan jugar con la suerte de más de un millón de seres humanos sin que nadie encuentre en ello nada espantoso, pero ¿quién dirá hasta qué punto es bárbaro y horrible, desde el punto de vista psicológico, el método por el que son regulados los destinos del mundo? La violencia psíquica, que parece ser el denominador común de las políticas que llevan a cabo países por otra parte tan distintos como Inglaterra y la URSS, es ya suficiente para calificar de inhumanos sus regímenes respectivos. Parece que, para los regímenes autoritarios, ya sean democráticos o dictatoriales, los intereses del Estado acaban por llegar a ser un fin en sí ante el cual deba desaparecer el objetivo original de la política: favorecer los intereses de ciertos grupos humanos. Por desgracia, la defensa del elemento humano en política ha sido transformada en slogan vacío de sentido por una propaganda liberal que ha camuflado los intereses egoístas de ciertos monopolios bajo el velo de dogmas humanitarios empalagosos y sin gran contenido idealista, pero esto no puede naturalmente, por sí solo, poner en peligro la capacidad humana de adaptación, como quieren hacernos creer los propagandistas de la doctrina estatal. El proceso de abstracción que ha experimentado el concepto de Estado durante los años es, para mí, una de las convenciones más peligrosas de todo el bosque de convenciones que el poeta debe atravesar. La adoración de lo concreto, de lo cual Harry Martinson se ha dado cuenta a lo largo de su viaje a la URSS, que era el meollo de la doctrina estatal (y que se manifestaba por los retratos de Stalin de cualquier tamaño o modelo) no era más que un atajo en el camino que lleva a esta canonización de lo Abstracto que forma parte de las características más espantosas del concepto de Estado. Es precisamente lo abstracto lo que, por su intangibilidad, por su emplazamiento fuera de la esfera de influencias, puede dominar la acción, paralizar la voluntad, entorpecer las iniciativas y transformar la energía en una catastrófica neurosis de la subordinación por medio de una brutalidad psíquica que puede, ciertamente, durante un tiempo, garantizar a los dirigentes una cierta dosis de paz, de confort y de aparente soberanía política, pero que no puede tener, a fin de cuentas, más que los efectos de un bumerang social. La compensación electoral que una sociedad estatal ofrece al individuo por la capacidad de acción de la que es privado es insuficiente en sí y lo será cada vez más a medida que su capacidad interior de iniciativa se vea comprimida. Los invisibles lazos que, por encima de las nubes, unen en una misma comunidad de destino, complejo pero grandioso, el Estado y las altas finanzas, los dirigentes con los que los manipulan, y la política con el dinero, infunden a la parte noiniciada de la humanidad un fatalismo tal que ni las sociedades de Estado para la construcción de viviendas ni las novelas callejeras de Upton Sinclair han conseguido cortar. Puede decirse pues que el Estado democrático de la era contemporánea representa una variedad completamente nueva de inhumanidad que en nada desdice a los regímenes autocráticos de épocas anteriores. El principio “dividir para reinar” ciertamente no ha sido abandonado pero la angustia que resulta del hambre, la angustia que resulta de la sed, la angustia que resulta de la inquisición social, al menos en principio, debe ceder el lugar, en tanto que medio de soberanía en el cuadro del Estado-providencia, a la angustia que resulta de la incertidumbre y de la incapacidad en la que se encuentra el individuo de disponer de lo esencial de su propio destino. Hundido en el fondo del Estado el individuo es presa de un sentimiento punzante de incertidumbre y de impotencia que recuerda la situación de la cáscara de nuez en el Maelström o aquella del vagón de tren, atado a una locomotora loca, dotada de razón, pero sin posibilidad de comprender las señales ni de reconocer la entrada en agujas. Algunos han intentado definir el análisis obsesivo de la angustia que caracteriza mi libro La Serpiente como una especie de “romanticismo de la angustia”, pero el romanticismo implica una inconsciencia analítica, una forma deliberada de ignorar cualquier hecho que no cuadrara con la idea que se hace de las cosas. Mientras que el romántico de la angustia, lleno de una secreta alegría al ver de súbito que todo concuerda, desea incorporar el conjunto en su sistema de angustia, el analista de la angustia lucha contra este conjunto, con su análisis como baluarte, poniendo al descubierto por medio de su estilete todas sus secretas ramificaciones. En el plano político, esto implica que el romántico, que acepta todo aquello que pueda alimentar las candelas de su fe, nada tiene que reprochar a un sistema social basado en la angustia e incluso se lo hace suyo con una fatal alegría. Para mí, que soy por el contrario un analista de la angustia, ha sido necesario, con la ayuda de un método analítico de sucesivas exclusiones, encontrar una solución dentro de la cual cualquier máquina social pueda funcionar sin tener que recurrir a la angustia o al miedo como fuente de energía. Es bien seguro que esto supone una dimensión política completamente nueva que debe ser desembarazada de aquellas convenciones que habíamos considerado como indispensables. La psicología sociológica debe darse como tarea destruir el mito de la “eficacia” del centralismo: la neurosis, causada por la falta de perspectiva y por la imposibilidad de identificar su situación en la sociedad no puede ser compensada por ventajas materiales puramente aparentes. El estallido de la macro-colectividad en pequeñas unidades individuales, cooperando entre ellas, pero por otra parte autónomas, que preconiza el anarco-sindicalismo, es la única solución psicológica posible en un mundo neurótico donde el peso de la super estructura política hace tambalear al individuo. La objeción según la cual la cooperación internacional sería entorpecida por la destrucción de los distintos Estados no resiste el mínimo análisis; ya que nadie podría osar sostener que la política extranjera llevada a cabo, en el plano mundial, por los distintos estados haya contribuido a aproximar las naciones unas a otras. Más seria es la objeción según la cual la humanidad no sería, cualitativamente hablando, capaz de hacer funcionar una sociedad anarquista. Quizá sea exacto hasta un cierto punto: el reflejo del grupo, inculcado por la educación, así como la parálisis de la iniciativa han tenido efectos absolutamente nefastos en un pensamiento político que se salía de los caminos trazados (es por esta razón que he elegido exponer mis ideas sobre el anarquismo principalmente bajo una forma negativa). Pero dudo que el autoritarismo y el centralismo sean innatos en el hombre. Creería más bien, por el contrario, que un pensamiento nuevo, que a falta de algo mejor yo llamaría primitivismo intelectual y que, mediante un fino análisis, llevaría a cabo una radiografía de las principales convenciones dejadas de lado por su antepasado el privitivismo sexual, acabaría por hacer prosélitos entre aquellos que, al precio, entre otras cosas, de neurosis y de guerras mundiales, quieren hacer coincidir sus cálculos con los de Marx, Adam Smith o el papa. Esto supone quizá, a su vez, una nueva dimensión literaria de la cual valdría la pena explorar los principios. El escritor anarquista (a la fuerza pesimista al ser consciente de que su contribución no puede ser más que simbólica) puede, por el momento, atribuirse con buena conciencia el modesto papel de gusano de tierra en el humus cultural que, sin él, quedaría estéril a causa de la sequía de las convenciones. Ser el político de lo imposible en un mundo donde los políticos de lo posible son muy numerosos es, a pesar de todo, un rol que me satisface a la vez como ser social, como individuo y como autor de La Serpiente.


Stig Dagerman, 1946
Extraído del libro
Nuestra necesidad de consuelo es insaciable Anexos: Stig Dagerman, un escritor anarquista. Marc Tomsin El anarquismo y yo Stig Dagerman Stig Dagerman, o la tragedia del genio Federica Montseny 

martes, 27 de septiembre de 2016

El criminal - Albert Libertad (1906)

       
  
El Criminal
Tú eres el criminal, Oh Pueblo, puesto que tú eres el Soberano. Eres, bien es cierto, el criminal inconsciente e ingenuo. Votas y no ves que eres tu propia víctima. Sin embargo, ¿no has experimentado lo suficiente que los diputados, que prometen defenderte, como todos los gobiernos del mundo presente y pasado, son mentirosos e impotentes? ¡Lo sabes y te quejas! ¡Lo sabes y los eliges! Los gobernantes, sean quienes sean, trabajaron, trabajan y trabajarán por sus intereses, por los de su casta y por los de sus camarillas. ¿Dónde y cómo podría ser de otro modo? Los gobernados son subalternos y explotados; ¿conoces alguno que no lo sea?

Mientras no comprendas que sólo de ti depende producir y vivir a tu antojo, mientras soportes –por temor- y tú mismo fabriques –por creer en la autoridad necesaria- a jefes y directores, sábelo bien, también tus delegados y amos vivirán de tu trabajo y tu necedad. ¡Te quejas de todo! ¿Pero no eres tú el causante de las mil plagas que te devoran?

Te quejas de la policía, del ejército, de la justicia, de los cuarteles, de las prisiones, de las administraciones, de las leyes, de los ministros, del gobierno, de los financieros, de los especuladores, de los funcionarios, de los patrones, de los sacerdotes, de los propietarios, de los salarios, del paro, del parlamento, de los impuestos, de los aduaneros, de los rentistas, del precio de los víveres, de los arriendos y los alquileres, de las largas jornadas en el taller y en la fábrica, de la magra pitanza, de las privaciones sin número y de la masa infinita de iniquidades sociales. Te quejas, pero quieres que se mantenga el sistema en el que vegetas. A veces te rebelas, pero para volver a empezar. ¡Eres tú quien produce todo, quien siembra y labora, quien forja y teje, quien amasa y transforma, quien construye y fabrica, quien alimenta y fecunda! ¿Por qué no sacias entonces tu hambre? ¿Por qué eres tú el mal vestido, el mal nutrido, el mal alojado? Sí, ¿por qué el sin pan, el sin zapatos, el sin hogar? ¿Por qué no eres tú tu señor? ¿Por qué te inclinas, obedeces, sirves? ¿Por qué eres tú el inferior, el humillado, el ofendido, el servidor, el esclavo? ¿Elaboras todo y no posees nada? Todo es gracias a ti y tú no eres nada.

Me equivoco. Eres el elector, el votante, el que acepta lo que es; aquel que, mediante la papeleta de voto, sanciona todas sus miserias; aquel que, al votar, consagra todas sus servidumbres. Eres el criado voluntario, el doméstico amable, el lacayo, el arrastrado, el perro que lame el látigo, arrastrándote bajo el puño del amo. Eres el sargento mayor, el carcelero y el soplón. Eres el buen soldado, el portero modelo, el inquilino benévolo. Eres el empleado fiel, el devoto servidor, el campesino sobrio, el obrero resignado a su propia esclavitud. Eres tu propio verdugo. ¿De qué te quejas? Eres un peligro para todos nosotros, hombres libres, anarquistas. Eres un peligro igual que los tiranos, que los amos a los que te entregas, que eliges, a los que apoyas, a los que alimentas, que proteges con tus bayonetas, que defiendes con la fuerza bruta, que exaltas con tu ignorancia, que legalizas con tus papeletas de voto y que nos impones por tu imbecilidad. Tú eres el Soberano, al que se adula y engaña. Te encandilan los discursos. Los carteles te atrapan; te encantan las bobadas y las fruslerías: sigue satisfecho mientras esperas que te fusilen en las colonias y que te masacren en las fronteras a la sombra de tu bandera.

Si lenguas interesadas se relamen ante tu real excremento, ¡Oh Soberano!; si candidatos hambrientos de mandatos y ahítos de simplezas, te cepillan el espinazo y la grupa de tu autocracia de papel; si te embriagas con el incienso y las promesas que vierten sobre ti los que siempre te han traicionado, te engañan y te venderán mañana; es que tú mismo te pareces a ellos. Es que no vales más que la horda de tus famélicos aduladores. Es que, no habiendo podido elevarte a la consciencia de tu individualidad y de tu independencia, eres incapaz de liberarte por ti mismo. No quieres, luego no puedes ser libre.

¡Vamos, vota! Ten confianza en tus mandatarios, cree en tus elegidos. Pero deja de quejarte. Los yugos que soportas, eres tú quien te los impones. Los crímenes por los que sufres, eres tú quien los cometes. Tú eres el amo, tú el criminal e, ironía, eres tú también el esclavo y la víctima.

Nosotros, cansados de la opresión de los amos que nos das, cansados de soportar su arrogancia, cansados de soportar tu pasividad, venimos a llamarte a la reflexión, a la acción. Venga, un buen movimiento: quítate el estrecho traje de la legislación, lava rudamente tu cuerpo para que mueran los parásitos y la miseria que te devoran. Sólo entonces podrás vivir plenamente.

¡EL CRIMINAL es el Elector!

Albert Libertad
El criminal - Albert Libertad (1906)

martes, 14 de junio de 2016

Ideas y propaganda anarquista: de Rusia al Oriente; en África, Australia y en la América latina - Max Nettlau (1935)

Extracto del libro 
La anarquía a través de los tiempos
La última fase de la actividad de Bakunin referente a Rusia, sus relaciones con la juventud rusa en Zurich en 1872 y su libro Estatismo y anarquía con su apéndice sobre la propaganda y los métodos de acción en Rusia (Ios revolucionarios inspirando - como una Alianza en una Internacional - las agitaciones y las rebeliones de los campesinos) - esos argumentos y consejos habían inspirado mucho a los jóvenes revolucionarios de Rusia, que entonces han ido al pueblo con un ímpetu y una abnegación que se han vuelto legendarios. Pero la ferocidad de la persecución empujó al terrorismo primeramente agrario y contra los funcionarios, después dirigido en concentración cada vez más acentuada desde 1879 a 1881 contra el zar Alejandro II, que fue muerto. La propaganda libertaria, anarquista hecha por antiguos camaradas de Bakunin en Ginebra, año 1873 a 1879, en último lugar por la revista Obschtchina (La Comuna) , de 1878 - 79, cedió paso a la acción terrorista concentrada, y tampoco Kropotkin, que en 1872 - 73 en Rusia había estado casi aislado en un ambiente compuesto en su mayor parte de moderados - su programa de 1873 no fue aceptado por el círculo de los Chaikovcy -, tampocoKropotkin trató de estimular una propaganda anarquista rusa después de su llegada al occidente, sino que suspendió toda actividad semejante en favor del gran esfuerzo contra el zar (1878 - 81) y después en favor de la defensa de los prisioneros rusos y de las actividades revolucionarias rusas en general ante la opinión pública mundial y sobre todo inglesa. Se dio esa misión y la cumplió con su talento y su prestigio personal, como hizo también Stepniak, antes el camarada de los anarquistas italianos de la banda de Matese (1877), y actor de uno de los actos terroristas de audacia suprema, cuando apuñaló al sátrapa Mesencef.
Así, de 1879 a 1891, el anarquismo ruso no dio signo de vida y a partir de 1891 solamente, algunos estudiantes de Ginebra proponen un periódico que no ha aparecido, se ponen en relación con Kropotkin, Reclus, Malatesta, Cherkesof (que volvió entonces al occidente) y publican algunos folletos. El centro de ese esfuerzo fue un estudiante de medicina armenio, Alejandro Atabek, que imprimió él mismo las primeras publicaciones anarquistas en armenio. En ideas esos jóvenes camaradas se adhirieron completamente a las de Kropotkin, Reclus y La Révolte; para la acción, se inspiraban en Malatesta. Después de algunos años, por la partida de los estudiantes más militantes cesa ese esfuerzo, lo que se reinició luego por un joven georgiano más activo, que se entregó enteramente a esas actividades, Goghelia.
Varlan Cherkesof (1845 - 1925), georgiano, que vivió en un ambiente nihilista desde el tiempo de Chernychevski, ligado a los grupos más avanzados, los camaradas deKarakosof (1866) y de Netchaef (1868 - 70), en el ambiente anarquista suizo y francés desde 1877 a 1883, del Este al Occidente, a Londres sobre todo, en el otoño de 1891, fue el amigo constante de Kropotkin, y el de Malatesta hasta la guerra. Se puso a combatir el marxismo que, sobre todo por Plekhanof, había influenciado poco a poco el socialismo ruso, combatiendo odiosamente todo sentimiento libertario. Cherkesof escribió así Pages d' histoire socialiste, I. Doctrines et Actes de la Socialdémocratie (París, 1896, 64 págs.); Précurseurs de l'Internationale (Bruselas, 1899, 144 págs. in-12o) y otros escritos, recordando las ideas del socialismo antiguo y del esfuerzo liberal y humanitario en general, que los marxistas trataban de detractar y de hacer olvidar, haciendo creer que Marx, que, como todo hombre instruido de su tiempo, se había alimentado intelectualmente de todo eso, había descubierto todo lo que valía en economía social y en socialismo mismo. Si esa verificación de sus fuentes era una obra muy útil, por eso mismo, en mi opinión, es refutada esa otra tesis de Cherkesof, propuesta desde la primavera de 1900, que el Manifiesto del Partido comunista, publicado en febrero de 1848, sería un plagio de los Principes du socialisme. Manifeste de la Démocratie au XIX siécle, por Victor Considérant (París, 157 págs. en 16o; en primera versión,Bases de la politique positive. Manifeste de l'Ecole sociétaire fondée par Fourier, 1841 - IV, 119 págs. in-gr. 8o). Porque Considérant estaba impregnado de una cultura general similar a Marx y a otros hombres avanzados, y era él mismo un observador de las tendencias económicas fuera de lo común. Ni uno ni otro tenían necesidad de plagiarse, y a los hechos generales, conocidos de ambos, uno le dio una interpretación forzosamente marxista, ya que eran Marx y Engels los que tenían la pluma. Cherkesof ha contradicho además otras afirmaciones de Marx, como la de la concentración del Capital, y fue fascinado por el sindicalismo francés; bajo esos dos aspectos confirmó mucho a Kropotkin en sus opiniones ya formadas y se atrajo también la opinión de algunos militantes tradeunionistas ingleses hacia el sindicalismo y apoyó su desconfianza hacia el marxismo. Su idea que el sindicalismo es socialismo popular, en 1912 provocó el entusiasmo de James Guillaume, que pensaba desde que volvió al movimiento (1903) que la C. G. T. era la antigua Internacional en una forma reforzada, más perfecta y verdaderamente el germen de la nueva sociedad.
Las aspiraciones de la autonomía nacional de los georgianos en el Cáucaso fueron vivamente sostenidas por Cherkesof, que durante años fue el interprete de esas esperanzas proscritas entonces ante la opinión pública, inglesa sobre todo, lo que contribuyó, como las simpatías por los armenios, los boers, los finlandeses, los persas sobre todo, a suscitar también en los ambientes libertarios corrientes en favor de pequeños Estados, que se consideraban preferibles y culturalmente superiores a los grandes, como las Comunas fueron consideradas en esa forma frente a los Estados. Error fatal, porque las Comunas, por su federación o incluso aisladas en el interior de un gran Estado, están en relaciones inevitables con sus iguales, las otras comunas, o viven en el seno de un Estado, sin política de guerra y conquista por sí mismas. Los pequeños Estados independientes, en cambio, viven en el ambiente rival y combativo de los Estados y son ambiciosos y guerreros como todo Estado. La comuna, la villa, la aldea - es pues la paz: el Estado, grande o pequeño, es tarde o temprano la guerra.
Con el progreso sucesivo no interrumpido hasta 1905 de las protestas rusas contra el despotismo, comenzando por los desórdenes universitarios en Rusia, también los jóvenes anarquistas rusos, sobre todo en París y en Ginebra, comienzan en fin las publicaciones, en 1903, cuyo periódico Chleb i Volia de Ginebra (1903 - 1905) representa las opiniones de los camaradas rusos de Kropotkin y las suyas. Pero surgió una cantidad de publicaciones rusas que hablan en nombre de tendencias anarquistas diversas que existían en los movimientos franceses sobre todo - los expropiacionistas, los amorfistas y Ias tendencias mixtas, todos hablaban entonces altamente y a menudo, en Rusia, obraron según sus opiniones. Un periódico Listki Chleb i Volia (Hojas de Pan y libertad ; Londres, del 30 de octubre de 1906 al 5 de julio de 1907) fue redactado y ampliamente escrito por Kropotkin, que ayudó además en Chleb y Voila de París en 1909 y al Rabotchii Mir de París, ayudado por A. Schapiro. Goghelia, María Godlsmith y algunos otros. Pero las ideas de Kropotkin, que entonces, como actividad práctica en Rusia preconizó la organización de los trabajadores, parecieron por decirlo así como de extrema derecha a la mayoría de los jóvenes anarquistas rusos de los años 1903 a 1914, que se dedicaron a la lucha muy directa, jugándose la vida y tratando de herir o debilitar al Estado ruso por actos individuales y colectivos múltiples. Fueron ellos los que obraron según las ideas expresadas en 1881 por Kropotkin en El Espíritu de rebelión, y si se ha recordado estos últimos años (1931) lo que Kropotkin ha escrito entonces en ruso en favor del sindicalismo, hay que tener presente que esa propaganda y esos consejos deKropotkin han permanecido aislados y sin peso en la balanza entonces, y han cesado muy pronto. Se vio desbordado, bien a su pesar, por las tendencias más de acción de la juventud, y vio la falta de respuesta por actos colectivoe del pueblo que, si hizo algo, prefirió hacerlo enrolado y comandado por socialistas autoritarios, cuando estos le parecieron representar una verdadera potencia. Kropotkin halló mucha más esperanza antes de 1914 en lo que pareció ser un despertar liberal general (muy mezclado ya con nacionalismo y el sentimiento de guerra; pero eso concordaba con sus propias opiniones y aprensiones), y esperaba que esas fuerzas liberales se mantendrían contra la dominación de los socialistas autoritarios, tal como ocurrió un momento en 1917. Pero comprendió pronto, al volver a Rusia, que no era posible oponerse ya a ese dominio; se resignó sombríamente y quedó herido en el corazón en sus esperanzas. Hizo esfuerzos, sin salida, para ayudar las ideas federalistas y la cooperación; veía con simpatía todo esfuerzo asociacionista indepndiente; expresaba sus esperanzas en una Internacional obrera (que jamás se figuró sin una Alianza de militantes en su seno) hasta el último momento y murió así, habiendo aplicado los últimos meses a su Etica, el 9 de febrero de 1921.
Francamente hablando, es ingenuo u obra de partido, el querer descubrir o crear un Kropotkin sindicalista. El hombre que ha reconocido constantemente la necesidad de un período revolucionario de 3 a 5 años, no ha podido querer abdicar en el primer momento de la victoria revolucionaria en manos de una organización sindicalista que sería en lo sucesivo la sociedad, es decir un organismo estable, que, como todos los organismos constituidos, se opondría a toda evolución más allá de él. No ha propagado la anarquía casi cincuenta años de su vida para querer una dictadura sindicalista el día de la victoria popular. He reunido sus propias palabras sobre su verdadero pensamiento en artículos aparecidos en La Revista Blanca (Barcelona) en el invierno de 1933 - 34 y en otros escritos.
Se ha publicado una gran cantidad de literatura anarquista en Rusia, en 1905-1906 y desde 1917 a 1922, traduciendo a toda prisa folletos y libros, fundando nuevos periódicos y sosteniendo todos los matices de las ideas. Se publicó el libro de Max Stirner, dos veces en 1907. Hubo un sistema mutualista formulado en 1906 por P. D. Turkhaninov (Lev Tcherny), más tarde muerto por los bolchevistas, en el libro Associacionnyi Anarchism. A. A. Karelin (1863 - 1926) representa un matiz aparte. También German Askarov(Jakobson) que fundó el grupo de los Anarquistas universalistas (expresando la noción internacional por universal). Nestor Machno (27 de octubre 1889 - 25 de julIo - 1934),Volin (Eichenbaum), Maximof, Grigori Gorelik, Aleksei Borovoi, Rogdaef y muchos otros representan matices múltiples de los cuales ninguno puede decirse definitivo y superior a los demás. Hubo tentativas lamentables de adaptación al bolchevismo, y no menos lamentables de importaciones autoritarias en el anarquismo para hacerle frente, aparentemente como un rival autoritario del bolchevismo. Hubo retornos al sindicalismo absoluto; tentativas de síntesis (ideas ya propuestas por Volin en el Anarchicheskyi Vestnik, Berlín, 1923-24). En una palabra, es un vasto campo de discusión influenciada y agriada por el largo destierro, el éxito aparente por los medios autoritarios que mostraba el bolchevismo gobernando desde hace dieciocho años en un país tan grande, por la crisis mundial general y la falta de contacto con el pueblo ruso mismo, que en todos esos años no oye una sola palabra que no haya pasado por la censura bolchevista, y cuyo verdadero pensamiento es para nosotros un misterio más que nunca.
Desde Belinsky, Hersen, Bakunin, Chernyshevski, pocas voces originales de socialistas y libertarios se han levantado en el socialismo ruso, y Kropotkin, por solidaridad profunda con la revolución rusa en su totalidad, ha tratado muy poco de imprimir sus concepciones personales a la gran lucha. Hay una sola, pero grande excepción para el período posterior a Bakunin - fue Leon Tolstoi (1828 - 1910). No pienso entrar aquí en este asunto, que la gran obra de Tolstoi y el estudio íntimo de su vida, ha hecho tan vasto y complicado. Mi impresión es que debemos a Tolstoi el haber insistido sobre dos grandes verdades indispensables a las realizaciones libertarias grandes y pequeñas, presentes y futuras. Una de ellas es la comprensión de la fuerza de la resistencia pasiva, que es la desobediencia, el abandono de la servidumbre voluntaria.
Se ha comprendido mal a Tolstoi y privado del efecto que habría impedido tener su pensamiento, al ver en él una resignación, una sumisión al mal, que se soporta con paciencia llamada cristiana y con la obediencia que, se dice, se debe a toda autoridad. Tolstoi quería exactamente lo contrario, la resistencia al mal, y ha agregado auno de los métodos de resistencia, la fuerza activa, otro método, la resistencia por la desobediencia, la fuerza pasiva por tanto. No ha dicho: sometéos al daño que se os causa; presentad la otra mejilla después de la bofetada recibida, sino: no hagáis lo que se os ordena hacer; no toquéis el fusil que se os presenta para enseñaros a matar a vuestros hermanos. Se puede constatar por sus propias palabras que el principio de fundar sus relaciones humanas sobre la persuasión pacífica en lugar de la fuerza brutal se remonta para él a William Lloyd Garrison, del ambiente de los Emerson, Thoreau y otros, y si hubiese visto el libro de William Godwin, lo habría encontrado impregnado de las mismas ideas. Ha tenido correspondencia además con Gandhi (carta del 7 de septiembre de 1910) y ni la resistencia contra la esclavitud de los negros, la obra de Garrison, ni la desobediencia preconizada y practicada por Gandhi, son acciones de obediencia; son al contrario desafíos arrojados a las autoridades. Si los tolstoianos forzados al servicio militar habían sido resignados pasivos, obedientes que no combatían el mal, habrían sido los primeros en tomar el fusil cuando se les ordenara. Pero vemos a todos los demás obedecer y tomar el fusil, y los tolstoianos se rehusan. Pienso pues que la línea Emerson-Tolstoi-Gandhi, es una línea de combate contra la autoridad tan notable como la línea de la fuerza revolucionaria. En suma, la huelga y la huelga general sobre todo ¿no coloca en esa misma línea a Garrison-Tolstoi-Gandhi? Se hace la huelga o se rebela por la fuerza: - los dos medios tienen derecho igual de ciudadanía en la lucha social, y los exclusivismos por principio son maléficos y no prueban nada.
La otra gran verdad sobre la cual insiste tanto, es el reconocimiento de que la fuerza del bien, la bondad, la solidaridad - y todo lo que se llama amor - está en nosotros mismos, debe y puede ser despertado y desarrollado y ejercitado por nuestra conducta. Esta comprensión va contra la pasividad moral, contra la llamada no - responsabilidad por lo que se hace contra la esperanza de ser mejorado colectivamente, cuando cada uno, por oprimido que sea, tiene facultades en sí mismo para mejorarse, perfeccionarse individualmente. Tolstoi ha escrito (el 13 de enemo de 1898; Tagebuch): La organización, toda organización libra de todo deber humano, personal, moral. Todo el mal del mundo tiene allí su base. Se fustiga a los hombres a muerte, se les desmoraliza, se les estupidiza - y nadie tiene la culpa de ello. También aquí, como hay huelgas y revolución, hay ese esfuerzo individual y hay el esfuerzo colectivo; las dos alternativas no se excluyen, sino que se complementan. La parte íntima de la preparación libertaria, se encuentra en Tolstoi, y hombres así preparados, me parece, son los únicos capaces de emplear la fuerza individual y colectiva de modo razonado - el soldado no sabe más que matar, y es como el revolucionario que no supiera más que destruir; el cirujano no sabe aplicar la fuerza para curar, y así el revolucionario que ha hecho ya su propia revolución en su fuero interior, es el único que sabrá, con inteligencia y conocimientos, dedicarse a reconstruir seriamente.
En todo esto, no estamos pues dé ningún modo separados de Tolstoi, que ha puesto el dedo sobre muchas de nuestras grandes imperfecciones. Es lamentable que lo haya hecho a menudo en la terminología religiosa. El joven Bakunin empleó en una época una terminología parecida. Tolstoi escribió a la edad de veintisiete años, por tanto hacia 1855: Producir con intención en la unión de la humanidad por la religión, ese es el pensamiento fundamental que, espero, me dominará, y por religión ha comprendido, como lo muestran sus escritos, amor y bondad entre los hombres, una conducta que evidentemente los hombres bien dispuestos practicarían de inmediato sin preocuparse de las consecuencias para ellos; porque, sino, ¿quién comenzaría? No los mal dispuestos, ni una colectividad abstracta, ni el Estado. Viendo en Rusia, desde 1878 a 1881, a gobernantes y a revolucionarios desgarrarse unos a otros, ha intervenido con una propaganda incesante en lo sucesivo por casi treinta años en la terminología religiosa que se conoce.
Fue un error fatal; habría podido saber que la humanidad se emancipa de la superstición y no espera de la religión organizada más que el mal. Se ha remontado a las bellas promesas hechas al comienzo de la agitación cristiana en los escritos de propaganda, que son del mismo calibre que las promesas de los candidatos antes de las elecciones. Ha calculado mal; no se cree ya en esas cosas y las religiones han sido siempre un instrumento de la reacción que persigue a los que las combaten a fondo. En fin, el hecho está ahí, que las buenas intenciones de Tolstoi nos aparecen a menudo en una lengua que no comprendemos apenas. Pero no comprendemos tampoco con frecuencia a un autor velado en terminología filosófica o económica, o medioevalesca, y los que, leyendo a ToIstoi, no saben atravesar ese velo y llegar a su pensamiento sencillo y claro, harán bien en suspender su juicio. Toda su obra examinada, traducida en nuestra propia lengua, adquiere otro aspecto y abunda en enseñanzas libertarias, que no se encuentran más que allí.
No se les encuentra sino raramente en los autores tolstoianos que, como todos los que se hacen reproductores de las ideas de un solo hombre, corren el riesgo de deslizarse al nivel de lo que vemos en los marxistas. Por lo demás, había muchos hombres de buena voluntad que han hecho lo mejor que pudieron.
Recordemos de esa propaganda y del ejemplo viviente de muchos que sufrieron persecuciones por negarse a obedecer, al martirizado J. N. Ivan Tregubof, Droschin (1886 - 1894), V. Cherkof, Paul BiriukoJ, John C. Kenworthy, Arthur St. John, William L. Hare, J. Morrison, el ambiente de la Groydon Brotherhood de Purleig y la colonia del Whiteway(Gloucestershire); el periódico The New Age (Londres); muchas publicaciones de los editores A. C. Fifleld y C. W. Daniel (Londres); Marie Kuger del ambiente de la Ere Nouvelle, comenzada en 1901 en Francia, de los anarquistas cristianos en Holanda y un movimiento extenso en Bulgaria, sobre todo en Burgas (el periódico Vzrashdane(Resurrección). Simpatizantes en los Estados Unidos que se confundían con los adeptos libertarios de las ideas de Walt Whitman, de Edward Carpenter al igual que Ernest Howard Crosby (muerto en 1907), Leonard D. Abbot, Bolton Hall y otros que son partidarios también de Henry George y simpatizantes de un individualismo altruista.
En suma, una buena parte de esos hombres, a los que se agregan los de las colonias tolstoianas y los que han rehusado hacer el servicio militar eran y son todavía hombres de valor y hay muchos duchobores en el Cáucaso y en el Canadá, hombres que antes de Tolstoi insistían en vivir su propia vida al lado del Estado - autores, artistas, pensadores de valor ético, libertarios religiosos no agresivos en materia religiosa, que flanquean a los demás anarquistas como camaradas. Fue un gran ambiente, que habría merecido más simpatías de las que los anarquistas supieron darle. Por los conciencious objectors durante la guerra, por la acción verdaderamente humana de muchos miembros de la Society of Friends (quakers) después de la guerra, se comenzó a apreciar los elementos humanos en ese mundo de guerra y de crueldad, y los tolstoianos, mejor comprendidos y mejor apoyados, habrían sabido llevar a muchos espíritus que la propaganda revolucionaria no supo cautivar, y podrán hacerlo aún. Porque las ideas de Tolstoi no han perecido con él y no pueden ser buscadas en algunos partidarios demasiado estrechos, sino en el espíritu y en la esencia de toda su obra.
Entre los movimientos anarquistas de los pueblos del Estado de Europa, aparte del ruso, el más intenso y difundido fue el de los judíos de la antigua Rusia y la Galitzia austriaca, que hablan el yiddisch, es decir un alemán con muchas palabras hebraicas y eslavas. Los emigrados judíos, sobre todo en Londres y en los Estados Unidos, han creado movimientos obreros fuertes, socia'listas desde 1885 aproximadamente, anarquistas en buena parte desde 1890 más o menos, ricos en periódicos de larga duración, folletos, traducciones -- en anarquistas siempre comunistas, aceptando enteramente las ideas de Kropotkin, influenciados a veces por algunos de sus autores por lo que ven sucederse en Rusia y en Palestina, pero por término medio los adeptos más fieles del comunismo anarquista de Kropotkin.
No puedo leer su escritura y no puedo darme cuenta del grado en que las ideas removidas por la discusión en sus órganos han producido proposiciones nuevas. Sus más activos militantes fueron o son todavía David Edelstadt, S. Janovsky, J. Bovschaver (Basil Dahl), Dr. J. Maryson, Dr. Michael A. Cohn, Joseph J. Cohen y otros. Su órgano en Londres, el Arbeíterfreund, fundado en 1885, fue redactado casi una veintena de años hasta 1914, así como la revista Germinal, por Rudolf Rocker (nacido en 1873), anarquista de nacionalidad alemana que supo en poco tiempo, atraído por el celo y la energía de ese movimiento en el Eastend de Londres, dominar la lengua y la escritura como autor y orador. Kropotkin era entonces el hombre más querido por esos camaradas y muchas veces su conferenciante.
El esfuerzo más durable para continuar la obra de Ferrer es The Modern School en Stelton (New Jersey) y una bella colonia libertaria, la Sonrise Colony y otras obras de cooperación libre son fundadas por esos mismos libertarios judíos en los Estados Unidos.
En Ukrania no hubo propaganda escrita en la lengua del país, pero un número de los revolucionarios más militantes de los años 1870 - 1880 hasta Nestor Machno fueron anarquistas y los grupos de esta región meridional eran siempre más avanzados y más combativos que los del Norte.
Había desde hacía mucho tiempo un federalismo político y nacional en Ukrania, que el profesor Michel Dragomanof combinó hacia 1880 con un socialismo popular (la revistaGromada etc.), que pronto abandonó el mismo. De ahí se derivan los partidos puramente nacionalistas y, en otro tiempo, un partido popular cultural, antirreligioso (M. Pavlik. Ivan Franko. etc.), que se ha extinguido.
En finés se publicó La conquista del pan en 190 ... en Tammerfors; La ley y la autoridad en New York, en 1910; y apenas otra cosa que algunas publicaciones a partir de 1926.
Hubo un número mayor de publicaciones en leton - periódicos, folletos, traducciones, después de 1905. Anarquistas letones dispersos en el occidente a causa de la represión feroz de 1906 en su país, fueron exterminados después de actos violentos, principalmente en el invierno de 1910 - 11 en Londres (Sidney Street).
En lituano hubo poca literatura entonces y hay una literatura incipiente estos últimos años.
Hubo más en polaco. Se considera el libro El socialismo de Estado (Lemberg. 1904) por L. A. Czjakoszki (Eduard Abramovski, muerto en 1917) como proposición original de un cooperativismo muy social y libertario. Escribió también El cooperativismo como medio de emancipación de la clase obrera. Se tradujo también algunos extractos deGustav Landauer en 1907. Pero todos los focos de propaganda fueron bien pronto cerrados y las publicaciones suprimidas. En París el doctor Josef Zielinski estuvo muy próximo a los Temps Nouveaux.
Bakunin, tan simpatizante con la causa nacional de los polacos, no podía entenderse nunca con ellos sobre el abandono de sus reclamaciones históricas de incorporación de los ukranianos, bielorusos (rutenos blancos) y lituanos. Waleryan Mrozkowski fue el único camarada polaco con el cual pudo colaborar un cierto tiempo.
En Rumania, país donde antes de la guerra ruso - turca de 1877 los búlgaros, refugiados en Turquía, conspiraron largos años, por donde Netchaef pasó al volver secretamente a Rusia en 1869, los primeros impulsos socialistas y anarquistas fueron dados por refugiados rusos en ambientes de estudiantes y jóvenes profesores. Hacia 1890 la propaganda fue renovada, esta vez comunista anarquista, por estudiantes atraídos por La Revolté de París y las ideas de Kropotkin y de Grave. Se consiguió algunas veces, pero rara y temporalmente, acercarse un poco a los campesinos, y la propaganda quedó en un ambiente restringido de intelectuales simpatizantes. P. Mushoiu es desde hace mucho tiempo su principal sostén. En otros tiempos hubo N. K. Sudzilovsski, (el doctor Russell, muerto hacia 1930 en China), Zubku - Kodreanu, Zamfiri Arbore (Ralli, del tiempo de Bakunin), Levezan, Zozin y otros.
Los revolucionarios búlgaros Christo Botiof y Liuben Karavelof estaban en relaciones con Bakunin y Netchaef, Botiof también con Sudzvilovki, pero la conspiración nacional los absorbió y Botiof fue muerto como insurrecto. Quince años más tarde, a partir de 1890 aproximadamente, las ideas comunistas anarquistas fueron propagadas por estúdiantes que leían La Revolté, principalmente Stoyanoff, estudiante de medicina en París, Ginebra y Bucarest, muy ligado a Merlino, conociendo bien a Reclus, a Galleani y también a Kropotkin y a Malatesta, etc. Sobre esa base se edificó una actividad continua y ascendente, reiniciada después del largo período de las guerras, llegando a trabajadores y campesinos y no perdiendo su influencia sobre una minoría de intelectuales, sufriendo algunos las más crueles persecuciones y martirios (como en Jambulli), pero con raíces más fuertes que en ningún otro país del Este de Europa.
En Serbia, en cambio - algunos estudiantes serbios estuvieron muy ligados con Bakunin en 1872 en Zurich, pero sobre todo en el terreno nacional - los esfuerzos libertarios fueron nimios. Algunos periódicos y folletos aparecidos desde 1905 hasta la época de las guerras (1912) parecen representarlos y no hubo ninguna reanimación desde 1918 en Yugoeslavia. Sólo un croata libertario, Stepan Fabijanovic, un obrero, forzado a abandonar su país desde hace muchos años, ha impreso en publicaciones hechas en Estados Unidos un espíritu independiente vigoroso; murió en 1933.
Las publicaciones armenias comunistas anarquistas hechas desde 1891 a 1894 en Ginebra son debidas al trabajo asiduo del estudiante ya mencionado, Alejandro Atabek, que publicó también un pequeño periódico (Haimaink. La Comuna, 1894). Después las luchas y desdichas nacionales parecen haber descartado toda propaganda, salvo lo que ha podido hacerse en Tiflis en algunas raras épocas de vida pública un poco libre.
Los georgianos fueron numerosos, muy abnegados, algunos muy anarquistas en el movimiento ruso; los más militantes estuvieron implicados en el gran proceso de los 50 en Moscú en 1877, y Cherkesof fue condenado ya en el proceso de Netchaef en 1871. Más tarde, de regreso a su país, y Cherkesof escapado de la Siberia en el destierro de 1876, comienzan a obrar sobre la opinión pública por la autonomía de Georgia y también su socialismo, en las publicaciones georgianas publicadas en París, están impregnadas del autonomismo nacional. Fue más bien el joven Goghelia que Cherkesof, el que propagó un sindicalismo anarquista en Tiflis en 1905 - 1906 y todo lo que pudo desde 1917 hasta su muerte. Cherkesof, realizó la cooperación cultural solidaria y autónoma ala vez de las nacionalidades enemigas, georgianos, tártaros y armenios, en Tiflis, en 1905 - 1906, pero si georgianos, tártaros, turcos se entienden, parece sin embargo que los armenios quedan fuera de relaciones verdaderamente buenas.
Se han publicado probablemente algunos folletos, traducciones en lengua turca, tártara, persa, árabe, tal vez también en hebreo en Palestina, pero casi todo eso me es desconocido. Creo poder decir que los hindúes no han sido alcanzados por una propaganda libertaria directa, y el boicot, la desobediencia, el terror en las luchas nacionales tienen por objetivo poner un nuevo poder en el puesto del antiguo. Respetamos las víctimas caídas antes de llegar a un poder nacional; así el doctor José Rizal, (1861 - 1869) en las Islas Filipinas, el Multatuli de su raza tagala, autor de Noli me tangere, del Filibusterismo y de la magnífica poesía escrita antes de su ejecución. De igual modo las víctimas en Carea (hubo en el destierro chino publicaciones anarquistas coreanas) y en la isla Formosa (allí también los refugiados en China hacían circular publicaciones anarquistas). En otras partes, en el Extremo Oriente y en Indonesia, la propaganda comunista parece ser la única que se hace.
Respecto de Chiná, renuncio a interpretar a Lao tsé (hacía 550 años antes de la era cristiana), que en el texto de algunos traductores adquiere un aspecto muy libertario. Se ha hallado también a Yang-tschu, que sería un Stirner chino. De 1907 a 1908 jóvenes intelectuales chinos hicieron aparecer en París el periódico Sinsiki (Tiempos Nuevos) y una cantidad de traducciones comunistas anarquistas. Ese grupo, de regreso en China después, tomó parte más tarde en el esfuerzo liberal general, influenciando la educación' en un espíritu progresivo y pasa por eso como habiendo abandonado el anarquismo. Un movimiento en China misma, iniciado por Sifu (1884 - 1915), parece haber tratado de obrar más directamente sobre el pueblo. Las ideas, en tanto que no sumergidas por el comunismo y el liberalismo nacional, tienen adeptos en la China meridional y en los Estados Unidos sobre todo.
En el Japón, conocemos sobre todo, la vida y el martirio de Denchira Katoku (1869 - 1911) y de Sakae Osugi (1885 - 1923), asesinado él también. En 1905 Kotoku, del marxismo, en prisión durante un tiempo, pasó al anarquismo, que aceptó en teoría, según Kropotkin, fascinado por Campos, fábricas y talleres sobre todo, pero las persecuciones le impulsan a actividades antimilitaristas, de huelga general y tal vez a planes terroristas; en todo caso fue ahorcado el 24 de enero de 1911, con su mujer Suga Kamo y otros diez camaradas. También Osugi fue asesinado el 16 de septiembre de 1923, con su mujer Noe Ito; el asesino los consideraba más o menos responsables del gran temblor de tierra en Tokio.
Ha habido en China y en el Japón organizaciones y publicaciones sindicalistas y anarquistas numerosas, algunas considerables, muy a menudo perseguidas y suprimidas, pero, en los ultimos años, las oleadas nacionalistas y comunistas, las catástrofes y la guerra, han debido obstruir ese impulso. Pero en China, al menos el interés libertario es vivo y ascendente; se busca una salida hacia la libertad frente a la autoridad entronizada en formas terribles. El Japón, en cambio, parece cada vez más sumergido en la noche autoritaria, a pesar de los esfuerzos de algunos propagandistas abnegados.
Pasando aún al resto de Europa, se puede recordar que en la antigua Austria - Hungría de 1881, la socialdemocracia fue puesta vigorosamente en segundo rango y al fin reducida a una pequeña minoría por los socialistas revolucionarios, entre los cuales se comenzó, en 1883, una propaganda educativa anarquista. Actos terroristas interrumpen esa primera educación en las ideas, y la represión lo redujo todo a la clandestinidad. Desde 1885, los socialdemócratas vuelven y comienzan a fundar su dominio exclusivo sobre los trabajadores, que ha perdurado. Ese período de 1881 - 84, comprendió a los socialistas de lengua alemana, tcheca, una parte de los polacos y también de los magyares en Hungría. No hubo tiempo para elaborar las ideas; pero el espíritu y la voluntad estaban despiertos. No fue sino largo tiempo después a partir de 1892 y de nuevo a partir de 1907 que pudo comenzarse una nueva propaganda pública; pero choca en lo sucesivo con la regimentación cada vez más completa de los obreros en la socialdemocracia. Comprende de nuevo las lenguas alemana y tcheca. Sobre el territorio de lengua alemana no llega a las organizaciones de oficios: en Bohemia las toca, sobre todo entre los mineros de algunas cuencas y hubo entonces hasta 1914 una abundante prensa anarco - sindicalista en lengua tcheca y publicaciones anarquistas. De estas últimas, algunas, las de St. K. Neumann sobre todo, se aproximan al género de la joven literatura libertaria en Francia; los otrós son en gran parte órganos de defensa en las luchas del trabajo, y en los unos y en los otros hay progresivamente infiltraciones nacionalistas. La guerra suprime todo eso, y después de la guerra, en Tchecoeslovaquia, todos, socialistas y anarquistas, se pasan a tambor batiente al patriotismo nacional. Había aún restos anarquistas, un pequeño periódico Bezvlastie(Anarquía) , pero ya no existe, y lo que el nacionalismo del Estado nacional no ha absorbido, ha pasado al comunismo de Moscú.
En el Austria de lengua alemana han sido hechas muchas publicaciones a partir de 1907 por Rudolf Grossman, que ha resumido sus ideas sobre todo en el libro Die Neuschópfung der Gesellschaft durch den kommuniistischen Anarchismus (WienKlosterneuburg, 1921, VIII, 264 págs.) y sus volúmenes anuales Jahrbuch der Freien Generation, 5 vol., 1910 - 1914, siguiendo a una revista de ese nombre (1906 - 1908) han hecho accesibles un número de trabajos internacionales anarquistas.
En Hungría, después del período socialista revolucionario muy acentuado (1881 - 84) hubo un intervalo; después las ideas del doctor Eugen Heinrich Schmitt tuvieron gran influencia, un socialismo libertario muy consciente como socialismo, pero ético sobre todo, próximo al tolstoismo. Eso no dio satisfacción completa a algunos hombres más deseosos de actividades colectivas organizadas y de una verdadera leva popular libertaria. De los primeros fue el joven Ervin Szabó (1877 - 1918); el iniciador de los segundos fue el conde Ervin Batthyany (nacido hacia 1877), que hizo aparecer Társadalmi Forradalom (La revolución social; 1907 - 1911). Fue al mismo tiempo un propagandista anarquista comunista y de un esfuerzo educativo sobre todo de la población rural. Batthyany vivió en Inglaterra bastante tiempo y conoció a Kropotkin.
Había algunos otros húngaros que continuaban la obra de Eugen Heinrich Schmitt, sobre todo Krauz; pero la guerra, el régimen bolchevista en 1919, la represión cruel que le sucedió y que dura todavía los han absorbido, destruido o dispersado, y no hay ninguna renovación en el desgraciado país.
En Grecia hubo en los años 1870 - 80 a veces refugiados italianos anarquistas y un intercambio con sus camaradas en Egipto y en Turquía, también algunas relaciones con laFederación jurasiana. En lengua griega había algunos folletos de Kropotkin, desde 1886, y el socialismo de Platón N. Drakuli, su editor, fue ecléctico entonces. Bien pronto los grupos anarquistas fueron aislados y más acentuados. Stavros G. Kallergis fue uno de los más militantes. Hubo actos terroristas y muchas persecuciones.
Para Egipto y Túnez los anarquistas italianos emigrados y refugiados fueron el alma del esfuerzo libertario durante largos años. En Egipto sobre todo lcilio Ugo Parrini, de Liorna (1851 - 1906). Malatesta, Galleani, Gori, han pasado algún tiempo en Egipto. En Túnez sobre todo el doctor Nicoló Converti, autor de una serie de publicaciones. Esos ambientes italianos sostenían los matices más avanzados del movimiento en Italia; pero no pudieron crear movimientos locales duraderos, puesto que la represión seguía a todo esfuerzo hecho en esa dirección. Igual ocurrió con los franceses en Argelia, donde han aparecido publicaciones anarquistas, pero sin influencia sobre las poblaciones locales. Lo mismo ha debido ocurrir en Tanger, en Marruecos, que fue algunas veces, en otros tiempos, un asilo para los refugiados anarquistas de España.
En Africa de lengua inglesa y holandesa (los boers) me parece que no ha tenido iniciativa libertaria, a excepción de Henry Glasse, inglés, emigrado a Natal, que mantenía contacto con los camaradas. de Londres. En Australia, a partir de 1887 se hicieron varias publicaciones anarquistas comunistas por camaradas que se formaron en la lectura de Liberty (Boston), del Commonweal de William Morris (Londres) y de Freedom (Londres) - tales Honesty, The Australian Radical, Anarchy, The Revolt, Reason, etcétera - por militantes como W. R. Winspear, David A. Andrade, J. A. Andrews, J.W. Fleming ante todo. Fueron casi todos esfuerzos muy individuales, no perdidos, pero impotentes contra el estatismo social, que puso la mano sobre todo el continente e hizo abortar los esfuerzos que han faltado en Australia y Nueva Zelandia para crear un sindicalismo independiente. También en el Canadá hay sin duda libertarios aislados de lengua inglesa y un número mayor de otras lenguas, pero una propaganda que haya producido publicaciones inglesas no es conocida, pero parece estar muy próxima.
Queda el gran número de los países de habla española y portuguesa. He redactado larguísimos capítulos, pero me limito a las referencias siguientes, que harán ver la extensión de este asunto especial.
Recordamos el libro razonado y crítico Concepsao Anarquista de Sindicalismo por Neno Vasco (Naciando de Vasconcelos, muerto en 1920), Lisboa 1920, 167 páginas; - 0 Sindicalismo en Portugal. Esbozo histórico por M. J. de Souza (Lisboa, 1931, 234 páginas -; Kropotkin: Su vida y obras, por Adrián del Valle (Palmiro de Lidia), Buenos Aires, 1925, 40 páginas; Paul Berthelot, L'Evangile de l'Heure (París, 1912, 24 páginas); E. López Arango y D. A Santillán, El anarquismo en el movimiento obrero (Barcelona, 1925, 202 páginas) ; La F. O. R. A. Trayectoria e ideología del movimiento obrero revolucionario en la Argentina, por D. A. Santillán (Buenos Aires, 1933, 318 páginas) y la historia deLa Protesta, por el mismo.
En México hay epopeyas de insurrecciones agrarias, luchas para derribar todo el sistema despótico secular, de Ricardo Flores Magón, Praxedis G. Guerrero, Librado Rivera, investigaciones de J. C. Valadés sobre la historia socialista y libertaria de ese país, sus ensayos históricos y bibliográficos en el volumen conmemorativo del 30 aniversario deLa Protesta, Certamen internacional, (Buenos Aires, Editorial La Protesta, 159 páginas in-gr. 8o, junio de 1927) contienen abundantes materiales.
Los países a examinar han sido: Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Chile; después el Ecuador, Colombia, El Salvador, Costa Rica; México y Guatemala, Cuba, el Brasil. Después los trabajadores latinos en los Estados Unidos.
Por la presencia simultánea de criollos, españoles, catalanes, italianos y algunos franceses, por las emigraciones sucesivas, por la presencia en proporciones diversas de indios nativos, por las influencias de escritos y de propagandistas militantes europeos, por los problemas económicos particulares, por la ausencia de los problemas políticos y económicos europeos, iambién las concepciones libertarias deben diferenciarse en ese continente.
He procurado desbrozar un poco ese vasto asunto en largos capítulos. Muchas figuras y movimientos interesantes se encuentran en esas épocas y en esos vastos territorios. Los primeros socialistas, la Internacional, los grupos y organizaciones territoriales, los actos de rebelión individuales y colectivos. Propagandistas procedentes de España, de Italia de Francia (el que en 1864 publicó en Buenos Aires una traducción de El comunismo de Cabet, B. Víctor y Suárez, procedía de las Baleares), los Rhodokanaty, Zalacosta Sans; los Ettore Mattei, Malatesta, Dr. Juan Creaghe, José Prat, Gori, Esteve López Arango, Santillán, Damiani, Fabbri, Neno Vasco y mil otros; además aislados de talento exquisito, Rafael Barret, Paul Berthelot, etc. y hombres del país, figuras de la talla de Alberto Ghiraldo, González Prada, González Pacheco y del inolvidable Ricardo Flores Magón, víctima de la crueldad de los Estados Unidos, Librado Rivera, el Dr. Fabio Luz, etc. He escrito un resumen de esos capítulos - Viaje libertario a través de América Latina (Revista Blanca, fines de 1934; reimpresa en Solidaridad, el viejo órgano de la F. O. R. U., Montevideo, en los primeros meses de 1935), pero evidentemente ese asunto me sobrepasa.